Hasta hace muy poco, esto era solo un rumor. Hoy, SpaceX acaba de contarlo como un hecho. La compañía aeroespacial ha publicado un comunicado en el que afirma que ha adquirido xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por Elon Musk. El texto no entra en detalles de la operación, pero sí marca el tono: habla de integrar IA, cohetes y conectividad espacial como parte de una misma estrategia. Y, aunque el anuncio es contundente, deja en el aire muchas preguntas importantes que aún no tienen respuesta pública.
Qué se ha anunciado. SpaceX enmarca la operación como parte de una integración vertical. El texto oficial está firmado por Elon Musk y tiene un tono más ideológico que corporativo, con referencias a “libertad de expresión” y a una misión casi existencial. Pero, más allá del relato, deja fuera algunos elementos que resultan importante para entender este movimiento empresarial: no hay cifras ni detalles de cómo se materializa el acuerdo.
El argumento es energético. SpaceX sostiene que la IA está chocando con límites cada vez más evidentes: centros de datos gigantescos que necesitan cantidades masivas de electricidad y refrigeración. En el texto llega a afirmar que el crecimiento de esa demanda no puede cubrirse con soluciones terrestres en un horizonte cercano sin generar impactos negativos en comunidades y en el entorno. Es un razonamiento que coloca el problema en un plano casi de infraestructura básica, no de software. Bajo esa lógica, el paso siguiente en su relato es inevitable: mover el cómputo allí donde la energía sea abundante y constante.
Centros de datos en órbita. La compañía describe una constelación de satélites que funcionarían como centros de datos orbitales, aprovechando energía solar casi continua y, según su argumento, con costes operativos y de mantenimiento reducidos. La propuesta se apoya en piezas que ya conocemos de su ecosistema: Starlink como red global y la próxima generación de satélites capaces de conectar directamente con móviles, sin depender de torres terrestres. El mensaje es claro: no plantean solo lanzar más satélites, sino convertir la órbita en una extensión de su infraestructura digital.
Montando centros de datos en el espacio. Ante esta pregunta, la respuesta es SpaceX. Ahí entra Starship como pieza central del relato. El comunicado argumenta que, hasta ahora, no ha existido un vehículo capaz de poner en órbita las cantidades de masa que requeriría una infraestructura de este tamaño, y recuerda que incluso en 2025, un año récord en lanzamientos, solo se colocaron unas 3.000 toneladas de carga útil en órbita. Según SpaceX, el despliegue de satélites ya empujó mejoras continuas en Falcon y ahora pretenden repetir el patrón con Starship, empezando por los Starlink V3.
Las cifras del plan: SpaceX intenta respaldar su visión con algunos números. Habla de lanzamientos “cada hora” y de una capacidad de 200 toneladas por vuelo, un ritmo que permitiría enviar millones de toneladas al año a órbita. A partir de ahí propone un cálculo: un millón de toneladas anuales de satélites generando 100 kW de potencia de cómputo por tonelada sumaría 100 gigavatios de capacidad de IA cada año, con la idea de escalar después hacia 1 teravatio anual. También lanza un plazo muy agresivo, presentado como estimación: en 2 o 3 años, estima, lo más barato para generar computación de IA sería hacerlo en el espacio.
Una combinación fuera de lo común. xAI ya absorbió X en marzo de 2025, así que este movimiento también introduce una red social dentro del perímetro de lo que SpaceX está diciendo que quiere construir. El contraste es significativo: SpaceX arrastra una imagen muy asociada a la ingeniería y a proyectos estratégicos, mientras que Grok ha estado en el centro de críticas por la generación de imágenes sexualizadas en X. Es un matiz que importa, porque no habla solo de tecnología, sino también de reputación.
La parte que falta. Con este anuncio, SpaceX pone sobre la mesa una integración que, si se concreta, tendría implicaciones enormes para su ecosistema tecnológico. Y aquí conviene mantener dos ideas a la vez. Por un lado, la trayectoria de Musk invita a no subestimar su capacidad para convertir apuestas complejas en proyectos reales. Por otro, su historial también está lleno de plazos que se estiran y de promesas que se reformulan o desaparecen con el tiempo. Así que tendremos que estar atentos al siguiente capítulo, que no lo escribirán los comunicados, sino los hechos.




































