Hay una frustración bastante común en el trabajo que casi nadie dice en voz alta: tener el cargo, la experiencia y las ideas claras, pero sentir que en las reuniones importantes no te hacen ni puñetero caso.
A muchos perfiles técnicos les pasa lo mismo: saben de lo que hablan, conocen el negocio y tienen soluciones sólidas, pero cuando se sientan frente a directivos o comités ejecutivos, sus propuestas se diluyen o todo acaba en un eterno «lo vemos luego». Esto no es un problema de capacidad, es un problema de estrategia comunicacional, y ahí está la clave que explica por qué algunas ideas avanzan y otras se quedan en el aire.
En el mundo ejecutivo no gana la mejor idea, gana la idea mejor comunicada. Esto puede sonar injusto, pero es exactamente así como funciona. Los espacios de decisión no premian la profundidad técnica ni el razonamiento largo, sino la claridad, el foco y la sensación de que quien habla sabe perfectamente qué está en juego.
Cuando una persona técnica entra en una reunión a justificar de más, a explicar todos los matices o a pedir permiso para proponer algo, su liderazgo pierde fuerza antes incluso de terminar la frase. La voz está ahí, pero no pesa.
El problema es que muchos profesionales confunden comunicar con explicar. Explicar es detallar cómo funciona algo; comunicar, en cambio, es lograr que otros tomen una decisión. Los directivos no buscan una clase magistral, buscan entender rápido por qué algo importa ahora, qué hay que hacer y qué ganan si lo hacen.
Cuando ese encuadre no aparece desde el principio, la idea puede ser brillante, pero se pierde entre interrupciones, dudas o silencios incómodos.
Cómo comunicarte de forma efectiva
La estrategia comunicacional que marca la diferencia parte de algo muy simple, pero muy poco habitual: hablar con estructura y presencia. Quien logra hacerse escuchar empieza dejando claro el contexto, explicando qué está en juego y por qué ese tema merece atención en ese momento.
A partir de ahí lanza una propuesta directa, sin rodeos ni disculpas innecesarias, y cierra mostrando el beneficio concreto, no solo para su área, sino para el conjunto del negocio. Cuando el mensaje sigue este orden, cambia por completo la percepción de quien escucha y lo que antes sonaba a opinión pasa a sonar a decisión.
Este enfoque no solo da claridad, también proyecta liderazgo. La persona que habla transmite que entiende el tablero completo y que no necesita justificar su valor técnico, porque ya se da por hecho. Poco a poco, su intervención empieza a pesar más en la sala, se reducen las interrupciones y las ideas dejan de ser ignoradas o reapropiadas por otros.
Al final, desarrollar una buena estrategia comunicacional no va de impostar la voz ni de jugar a ser otra persona. Va de entender las reglas reales del juego ejecutivo y adaptarse a ellas sin perder autenticidad.
Cuando un perfil técnico aprende a comunicar con presencia, claridad y estructura, su liderazgo deja de diluirse y empieza a consolidarse. Y entonces sí, lo que dice ya no pasa desapercibido: empieza a mover decisiones.
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