La glotona inteligencia artificial y sus demandantes centros de datos están reformulando los planes de descarbonización. Cuando el mundo había emprendido un viaje hacia las renovables, con países como China, y europeos apostando fuerte, y hasta algunos estados de EEUU subiéndose al tren, llegaron los centros de datos con unas necesidades casi imposibles de satisfacer.
A finales de diciembre de 2024 ya contamos que el consumo de los centros de datos se había disparado, empujando a las grandes tecnológicas a apostar tanto por las renovables como, sobre todo, por energía de acceso inmediato como el gas y hasta el carbón. Algunas, incluso, estaban apuntando a la nuclear para poder operar.
Poco después, en enero de 2025, un informe de Reuters apuntó que las energéticas europeas, que habían emprendido un camino de apuesta por las renovables, estaban redoblando su apuesta por el petróleo y el gas. Gigantes como BP o Shell ralentizaron sus inversiones en energías limpias para volver a proyectos de combustibles fósiles. Pero no todo va sobre de dónde extraen la energía los centros de datos, sino quién les suministra infraestructura.
Y puede que esa, y no tanto el petróleo o el gas, sea la próxima mina de las energéticas.
La nueva mina de las petroleras
En un artículo del Financial Times se apunta a que el fugaz crecimiento de los centros de datos está generando un mercado que las energéticas no quieren perderse. A medida que la demanda de perforaciones tradicionales se debilita (aunque es algo que va por “barrios”), grupos del sector energético como Baker Hughes, Halliburton o SLB están aprovechando para pivotar al sector de los centros de datos.
No construyéndolos, no sólo suministrando energía: apoyando la logística. Aprovechando su conocimiento sobre el sector energético, estas grandes empresas estarían proporcionando equipos como turbinas y sistemas de generación de energía a quienes poseen centros de datos, pero también proporcionan generadores, baterías, sistemas de disipación y todo el entramado necesario para mantener una correcta eficiencia energética.
También correrían con la supervisión del equipo. Es, en definitiva, lo que ya saben hacer, pero aplicado a un sector nuevo como es el de los centros de datos.
Porque estos tres ejemplos no son petroleras al uso, sino proveedores tecnológicos para que otras empresas extraigan gas o petróleo. Las tres dan servicios a empresas con yacimientos petrolíferos, pero también suministran tecnología como turbinas de gas, compresores o sistemas de GNL y estaban dentro de sectores como el de la nueva energía, con sistemas de captura y almacenamiento de carbono.
Todo esto resuena con la idea que las ‘Big Tech’ tenían cuando comenzaron a levantar enormes centros de datos, hasta que vieron que equipos cada vez más demandantes necesitaban fuentes más inmediatas y estables de energía.
Centros de datos = El Dorado
Se estima que la demanda de electricidad de EEUU se incrementará en 90 GW -una auténtica burrada- de aquí a 2030 únicamente para alimentar los centros de datos. Las redes eléctricas tradicionales pueden no soportar esta carga, y es en ese punto en el que estas compañías que proporcionan servicios energéticos se antojan como un ente clave.
Pivotar hacia la infraestructura de la inteligencia artificial es “clave para la evolución del petróleo y del gas”, afirmó Lorenzo Simonelli, CEO de Baker Hughes. Y tiene sentido cuando vemos que el número de plataformas petrolíferas de Estados Unidos se contrajo un 7% interanual en 2025, los márgenes se han contraído y la demanda de servicios de perforación están en entredicho.
A nivel empresarial, es una jugada maestra. Hablando de forma hipotética, cuando llegue la nueva crisis del petróleo y la caída del mercado tanto del crudo como del gas, las empresas que hayan pivotado a los centros de datos, pasando de ser proveedoras de servicio para las energéticas a serlo para las ‘Big Tech’, no tendrán que dar un volantazo en su estrategia porque ya estarán donde estará el dinero.
Porque esa es otra cuestión: si el nuevo oro de los MW para la IA será un negocio duradero o una fiebre pasajera.
Imagen | Freepik y Harpagornis











































