En
marzo
se
dio
una
de
esas
noticias
que
retumban
en
la
escena
geopolítica.
Rusia
anunciaba
su
decisión
de
poner
su
bandera
en
el
Ártico
con
una
planta
nuclear
flotante.
Y
si
cualquier
nación,
llámese
Estados
Unidos,
quería
decir
algo,
iba
con
mucho
retraso.
De
fondo
un
tema
estrictamente
numérico:
la
flota
de
Moscú
contaba
con
ocho
rompehielos
“nucleares”.
Y,
de
repente,
ha
aparecido
China.
Despliegue
inédito.
Estados
Unidos,
a
través
del
Mando
Norte
(NORTHCOM)
y
el
NORAD,
vigila
la
presencia
simultánea
de
cinco
rompehielos
chinos
operando
en
aguas
internacionales
del
Ártico,
frente
a
Alaska,
un
número
que
multiplica
por
dos
y
medio
la
capacidad
actual
de
la
Guardia
Costera
estadounidense
en
la
región.
Las
unidades,
en
su
mayoría
buques
de
investigación
como
el
Xue
Long
2,
el
Ji
Di
y
el
Zhong
Shan
Da
Xue
Ji
Di,
han
sido
interceptadas
o
sobrevoladas
por
medios
estadounidenses
en
el
marco
de
la
Operación
Frontier
Sentinel,
destinada
a
contrarrestar
actividades
hostiles,
proteger
intereses
soberanos
y
promover
el
respeto
de
la
ley
marítima
internacional.
El
despliegue
forma
parte
de
una
tendencia
de
tres
años
de
creciente
actividad
china
en
el
Ártico,
facilitada
por
el
deshielo
que
abre
rutas
como
la
“Ruta
del
Norte”,
eje
de
la
estrategia
china
de
la
“Ruta
de
la
Seda
Polar”
para
acortar
en
unos
4.600
km
el
trayecto
marítimo
hacia
Europa.
Capacidades
árticas
y
brecha.
Sí,
pese
a
no
ser
un
Estado
ártico,
China
ya
opera
al
menos
cinco
rompehielos
y
proyecta
construir
decenas
más,
mientras
Rusia
cuenta
con
decenas
de
unidades
y
Estados
Unidos
apenas
dispone
de
dos
rompehielos
aptos
para
la
región
(el
Polar
Stary
y
el
Healy),
a
los
que
se
sumará
el
Storis
el
10
de
agosto
como
refuerzo
provisional.
El
resto
de
los
20
rompehielos
estadounidenses
son
de
uso
doméstico
y
carecen
de
capacidad
polar.
La
Guardia
Costera
advierte
que
debe
ampliar
y
modernizar
su
flota
para
salvaguardar
la
seguridad
nacional
y
el
comercio
marítimo,
alineándose
con
la
directriz
presidencial
de
adquirir
40
nuevos
rompehielos.
Sin
embargo,
no
se
construye
uno
nuevo
en
Estados
Unidos
desde
hace
medio
siglo
y
los
programas
actuales
sufren
retrasos,
con
el
primer
Polar
Security
Cutter
pospuesto
de
2024
a,
posiblemente,
2029.

El
Healy
de
la
USCGC
ayuda
a
liberar
un
petrolero
con
bandera
rusa
del
hielo
cerca
de
Alaska
en
2012
Respuesta
industrial.
Ante
la
brecha,
el
gobierno
de
Trump
ha
asignado
4.300
millones
de
dólares
para
hasta
tres
nuevos
rompehielos
pesados
y
3.500
millones
para
unidades
medianas,
además
de
impulsar
el
pacto
trilateral
ICE
con
Canadá
y
Finlandia
para
satisfacer
la
demanda
prevista
de
90
rompehielos
en
la
próxima
década.
Este
acuerdo
busca
compartir
información,
formar
personal
y
permitir
la
adquisición
conjunta
de
buques
construidos
en
astilleros
aliados.
En
julio,
astilleros
de
Estados
Unidos,
Canadá
y
Finlandia
anunciaron
una
alianza
para
producir
Arctic
Security
Cutters,
con
un
diseño
maduro
y
capacidad
de
entrega
en
36
meses
tras
la
adjudicación
del
contrato.
Competencia
estratégica.
Qué
duda
cabe,
el
aumento
de
actividad
china
y
rusa
en
el
Ártico
refleja
su
creciente
interés
por
los
recursos
naturales
y
las
ventajas
estratégicas
de
la
región.
Rusia
ha
reforzado
de
forma
masiva
su
infraestructura
militar,
como
en
la
base
aérea
de
Nagurskoye
y
el
complejo
Ártico
Trefoil,
mientras
Estados
Unidos
realiza
el
ejercicio
multinacional
Arctic
Edge
25
con
fuerzas
propias,
del
Reino
Unido,
Dinamarca
y
socios
locales,
aunque
su
operatividad
en
hielo
sigue
limitada
por
la
escasez
de
rompehielos.
La
presencia
simultánea
de
cinco
buques
chinos
en
esta
zona
sensible
subraya
la
urgencia
para
Washington
de
cerrar
la
brecha
de
capacidades
si
quiere
mantener
influencia
y
acceso
en
el
extremo
norte.
Importancia
geopolítica.
Plus:
el
deshielo
del
Ártico
no
solo
abre
rutas
comerciales
más
cortas
entre
Asia
y
Europa,
sino
que
expone
reservas
de
hidrocarburos,
minerales
críticos
y
nuevos
caladeros
pesqueros,
todos
de
alto
valor
estratégico.
Para
China,
incrementar
su
huella
en
la
región
le
otorga
capacidad
para
influir
en
un
espacio
históricamente
dominado
por
Estados
árticos
y
miembros
de
la
OTAN,
además
de
reforzar
su
proyección
naval
a
escala
global.
Para
Estados
Unidos,
en
cambio,
el
avance
chino
y
la
supremacía
rusa
en
capacidades
polares
evidencian
la
necesidad
urgente
de
invertir
en
medios
que
aseguren
la
defensa
de
sus
rutas
marítimas,
recursos
y
presencia
en
un
escenario
donde
la
competencia
geopolítica
se
intensifica
rápidamente.
Imagen
|
U.S.
Coast
Guard,
USCG
En
Xataka
|
El
futuro
de
la
energía
está
flotando
en
el
Ártico:
el
as
bajo
la
manga
de
Rusia
es
una
planta
nuclear












































