Arabia Saudí ya conoce el precio real de Neom y no se mide en miles de millones, sino en barriles de petróleo a 90 dólares

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Arabia Saudí está sumida una paradoja que gira en torno a los barriles de petróleo. Hace años el reino lanzó un ambicioso programa para reducir su dependencia del ‘oro negro’, pieza clave en sus cuentas y erario público. Bajo el nombre de ‘Vision 2030’ se propuso básicamente diversificar su economía con un rosario de proyectos que incluían grandes desarrollos urbanísticos como Oxagon, Trojena o la famosa The Line. El problema es que los vaivenes en el precio del crudo (el mismo del que quiere alejarse) le está complicando las cosas.

Tanto, que el reino ya se ha visto obligado a moderar sus expectativas.

¿Qué ha pasado? Os lo contábamos hace unos días: A Arabía Saudí le ha tocado replantearse los megaproyectos de Neom, el programa con el que el reino quiere impulsar obras como Trojena o The Line, una futurista ciudad de 170 km de largo, 500 m de alto y 200 de ancho construida desde cero en pleno desierto. Según Financial Times, el presidente de Neom, el príncipe heredero Mohammed bin Salman, se plantea ahora una escala «mucho más pequeña». De hecho ya se habla de un recorte drástico en The Line y cambios también en Trojena.

The Line aspira a ser la megalópolis del futuro. Estos expertos creen que se parecerá más bien a un infierno

¿Es una novedad? A medias. Pese a los esfuerzos de Arabia Saudí por mostrar cómo avanzaban las obras, la prensa internacional lleva tiempo advirtiendo de las dificultades (técnicas, pero sobre todo financieras) con las que se ha encontrado el reino para sacar adelante sus proyectos. El propio FT publicó hace unos meses un reportaje en el que hablaba de cómo se está «deshaciendo el sueño» de Neom. Su último artículo va más allá sin embargo y ayuda a entender el contexto.

Los recortes llegan después de que los responsables de Neom encargasen una auditoría del proyecto. Y si bien no se conocen aún sus conclusiones finales, estas parecen ser lo suficiente rotundas como para que ya haya arquitectos trabajando en el rediseño de The Line. Su objetivo: convertirlo en un proyecto «modesto» que pueda aprovechar la infraestructura construida durante los últimos años. 

Se habla de un cambio de concepto, de un Neom que (sin renunciar a la diversificación de la economía saudita) deja de enfocarse en las «ciudades del futuro» para hacerlo en algo mucho más concreto: los centros de datos. Desde el reino se insiste en cualquier caso que Neom es una apuesta que «pretende abarcar generaciones» y su discurso (al menos el público) está lejos de ser derrotista.

¿Cuál es el problema? Más allá de la escala y enorme ambición de los proyectos (solo The Line implica levantar una ciudad de 170 km), Riad se ha encontrado con una tormenta perfecta. Ni sus años de dispendio (o precisamente debido a ellos) han impedido que se haya visto obligada a replantearse algunos hitos de su cronograma inicial. El ejemplo más claro lo deja Trojena.

Allí, en su ambiciosa estación de esquí, iba a celebrarse la edición de 2029 de los Juegos de Invierno. Hace unos días sin embargo el Consejo Olímpico de Asia y su homólogo saudita anunciaron que la cita tendrá que aplazarse indefinidamente. Financial Times recuerda que a medio plazo el reino también tiene compromisos importantes que le exigirán pisar el acelerador. El primero llegará con la feria internacional Expo 2030. El segundo, con el Mundial de Fútbol de 2034.

Tuit

¿Y qué pinta el petróleo? Si algo suelen repetir los analistas que intentan explicar el desarrollo de Vision 2030 (y más concretamente de Neom) es cómo está influyendo en él la cotización del crudo. El motivo es muy sencillo. Aunque la financiación de Vision 2030 no se enmarca directamente en el presupuesto de Arabia Saudí, su puesta en marcha sí depende de grandes proyectos costeados por el Estado. Y este recibe gran parte de sus ingresos a través del petróleo.

Arabia Saudí es el principal exportador de crudo del planeta, lo que explica que en 2024 este representase el 60% de los ingresos públicos. En general el petróleo y el gas natural supusieron ese año más del 20% de todo su PIB. Hace unos meses Arab Gulg States Institute (AGSI) recordaba que el peso del negocio petrolero en los ingresos fiscales del Gobierno es hoy bastante inferior al de hace una década, cuando alcanzaba el 88%, pero aún así ha supuesto cerca del 63% en los últimos años. No solo eso. Sus técnicos reconocen que la salud de Aramco (la petrolera nacional saudí) es «vital para la salud» de las arcas públicas y el país.

¿Por qué es importante? Por una simple regla de tres. La puesta en marcha de Vision 2030 depende en gran medida del reino saudíta y su PIF (el Fondo de Inversión Pública), de carácter soberano y presidido por Mohammed bin Salman. Y el dinero que reciben estos sí está muy ligado a la marcha del negocio mundial del petróleo. En abril del año pasado, en un contexto complicado, marcado por el temor a la guerra comercial y diferencias en el seno de la OPEP, Reuters advertía de cómo la caída del precio del crudo se reflejaría en los dividendos de Aramco… y estos, a su vez, en el dinero que entraría en las arcas del Gobierno y el PIF.

“El Gobierno y el PIF recibirán 32.000 millones de dólares y 6.000 millones de dólares menos, respectivamente», recogía la crónica firmada por Yousef Saba. Ya por entonces había expertos que apuntaban que ese tijeretazo pasaría factura a algunos de los proyectos que el reino tenía entre manos. «Es probable que Arabia Saudí dependa del financiamiento de la deuda y tendrá que retrasar o reducir algunas adjudicaciones de contratos planificados», insistía Karen Young, de la Universidad de Columbia, tras recordar el déficit que arrastraba la nación.

Creíamos saber la ingente cantidad de dinero que Arabia Saudí está gastando en Neom. Nos estábamos quedando muy cortos

¿Hay más? Sí. Un dato clave que en los últimos meses han deslizado varios analistas y en el que incidía estos días Brad Setser, investigador del CFR, a raíz de las últimas noticias sobre Neom y The Line. No se trata solo de que el precio del petróleo suba o baje en el mercado, es que Arabia Saudí necesita que el barril de Brent se mantenga en ciertos niveles. Al menos si quiere ver con tranquilidad sus cuentas y enfocar con optimismo el futuro de sus proyectos más ambiciosos.

¿El motivo? En su día Vision 2030 se trazó pensando en un escenario en el que el barril de petróleo rondaba los 100 dólares. El problema es que ahora mismo se mueve entre 60 y 70 dólares y lleva tiempo sin alcanzar los tres dígitos. 

No es ninguna sorpresa. En 2024 el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya advertía de que Riad necesitaba que la cotización del barril se mantuviera de media en 96,2 dólares para equilibrar su presupuesto. Solo un año antes ese cálculo apuntaba a un precio de 80,9. El dato es importante porque refleja el coste por barril necesario para equilibrar el presupuesto gubernamental.

¿Cómo es la situación ahora? Complicada. El pasado agosto Jim Krane publicaba un análisis para Arab Center Washington DC en el que recordaba que el precio de equilibrio del petróleo que necesita Arabia ronda los 96 dólares por barril. Hay quien incluso sitúa esa línea roja por encima de los 100 dólares. 

Son datos que se alejan de lo que marca a día de hoy el mercado y de las previsiones que manejaba hace no tanto Goldman Sachs. La pregunta que deja botando ese escenario es… ¿Condenará la cotización del Brent aquellos proyectos que aspiran a limitar la dependencia que tiene Arabia Saudí del petróleo?

Imagen | NEOM

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