Pocos
tendrán
en
mente
el
popular
pulpo
al
pensar
en
fraudes
y
estafas
gastronómicas,
más
dadas
a
productos
de
lujo
como
vinos
y
licores,
trufa,
caviar
o
ibéricos.
Y,
sin
embargo,
una
empresa
francesa
ha
sufrido
el
engaño
de
un
gallego
que
cobró
unos
100.000
euros
por
más
de
diez
toneladas
de
pulpo
fresco
que
jamás
llegaron
a
su
destino.
Un
negocio
redondo
que
además
le
apareció
de
casualidad.
Corría
el
año
2019
cuando
la
compañía
importadora
de
pescado
Antoine
Abchée
et
Fils
dio
con
el
nombre
de
TL
Peche
Sarl,
empresa
registrada
en
Mauritania
a
cuyo
frente
estaba
José
Benito
R.
B.,
gallego
por
entonces
residente
en
Tomiño
(Pontevedra).
Los
franceses
andaban
tanteando
suministradores
de
pulpo
en
grandes
cantidades,
y
el
español
parecía
ser
la
persona
que
estaban
buscando.
Pero
todo
resultaría
ser
una
estafa
que
terminaría
en
juicio.
Ha
sido
este
mes
de
febrero
cuando
el
mencionado
José
Benito
R.
B.
se
ha
sentado
en
el
banquillo
de
la
Audiencia
Nacional
para
enfrentarse
a
la
demanda
de
la
empresa
gala.
Según
detalla
El
País,
los
magistrados
no
muestran
ninguna
duda
de
que
el
acusado
es
culpable
de
delito
de
estafa,
pues
nunca
llegó
a
tener
la
intención
de
suministrar
el
producto
acordado,
y
por
el
que
recibió
casi
100.000
euros.
El
acusado
cuidó
hasta
el
mínimo
detalle
en
su
plan
para
convencer
al
director
comercial
de
la
compañía
francesa,
presente
en
el
juicio,
y
sus
compañeros.
Tras
contactar
con
la
compañía,
supuestamente,
mauritana
TL
Peche
Sarl,
por
correo
y
por
vía
telefónica,
los
franceses
llegaron
a
reunirse
con
José
Benito
R.
B.
en
el
propio
país
africano
para
que
este
les
mostrara
las
instalaciones,
entonces
vacías.
El
gallego
les
convenció
de
que
estaban
en
«paro
biológico»,
pero
que
podría
suministrarles
sin
problema
el
pulpo
que
necesitaran.
Ambas
partes
llegaron
incluso
a
verse
en
una
feria
de
pescado
internacional,
en
Bruselas,
donde
no
había
ni
rastro
de
ningún
stand
de
la
empresa,
pero
el
acusado
parecía
moverse
como
pez
en
el
agua
del
mundillo
con
una
seguridad
tal
que
les
transmitió
total
confianza.
En
junio
de
2019
llegaría
el
primer
y
único
encargo
de
los
franceses
a
José
Benito.
Cerraron
la
operación
en
un
hotel
de
Las
Palmas
de
Gran
Canaria:
casi
100.000
euros
por
más
de
diez
toneladas
de
pulpo.
Pero
el
cargamento
de
cefalópodos
nunca
llegaría.
Tras
darles
muchas
largas
y
poner
todo
tipo
de
excusas, «absurdas»
en
opinión
de
los
magistrados,
los
empresarios
franceses
terminaron
por
desesperarse,
llevando
el
asunto
finalmente
a
los
juzgados.
A
José
Benito
R.
B.,
aunque
puede
recurrir,
se
le
condena
finalmente
a
dos
años
de
cárcel,
a
una
multa
de
1.080
euros
y
a
devolver
el
dinero
cobrado
más
intereses.
Fotos
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