Preparamos las hortalizas, pelando y picando las zanahorias, patatas, chirivía, nabo y boniatos y cortando todas en trozos de tamaño mediano. Por otro lado picamos el puerro y la cebolla en juliana. Limpiamos el pollo y le quitamos la piel. Salpimentamos al gusto.
Freímos las tajadas de pollo ligeramente hasta que se doren, con un poco de aceite de oliva. Reservamos. En el mismo aceite, en la misma cacerola, arrancamos el sofrito con la cebolla y el puerro. Tras pocharlos diez minutos, agregamos el resto de las hortalizas salvo el brócoli y el calabacín, que picamos en trozos también y reservamos para más adelante.
Tras rehogar todo otros diez minutos, retornamos el pollo a la cazuela, añadiendo el vino y subiendo el fuego para que se evapore el alcohol. Añadimos el caldo de pollo, el calabacín y el brócoli y cocemos a fuego lento con la cacerola tapada durante 30 minutos aproximadamente.

Probamos y rectificamos de sal y pimienta y apagamos el fuego, dejando reposar el guiso una hora para que los sabores se asienten. Después podemos comerlo calentándolo de nuevo unos minutos, o guardarlo para comer al día siguiente, o para llevar al trabajo en táper.







































