«Nos tiene que cuestionar que en nuestra zona haya tanta desigualdad»

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En
el
Día
de
la
Independencia
y
previo
al
Desfile,
se
desarrolló
el
Tedeum
en
la
Parroquia
Nuestra
Señora
del
Monserrat.

En
la
homilía,
el
Párroco
de
Colonia
Caroya
Martín
Cervato
se
refirió
a
la
pobreza
y
dejó
un
fuerte
mensaje
a
la
clase
política.

Las
lecturas
que
se
escucharon
en
el
templo
pusieron
el
foco
en
los
pobres:
“Cuando
des
un
banquete, 
invita
a
los
pobres,
a
los
lisiados,
a
los
paralíticos,
a
los
ciegos.
¡Feliz
de
ti,
porque
ellos
no
tienen 
cómo
retribuirte,
y
así
tendrás
tu
recompensa
en
la
resurrección
de
los
justos!».

El
texto:

Este
es
el
centro
que
en
tiempos
de
cambios
como
los
que
vivimos
no
podemos
perder:
tenemos
que
poner
el 
foco
en
los
pobres,
las
dos
puntas
de
la
vida:
los
niños
y
los
ancianos,
en
los
que
están
perdidos, 
enfermos,
excluidos.
Cada
uno
de
nosotros
tiene
encomendada
la
tarea
de
administrar
bienes 
que
no
son
nuestros
sino
del
pueblo,
recordemos
que
solo
administramos
pasajeramente
lo 
que
es
de
todos. 

¿Cuáles
son
los
criterios
que
brotan
del
evangelio
para
una
buena
gestión?
Nos
dice
Jesús: 
“invita
a
los
pobres,
a
los
que
no
pueden
retribuirte”,
con
desinterés
personal
y
buscando
el
bien
de
los
últimos.

Además,
nos
advierte
San
Pablo
que
nos
cuidemos
de
la
avaricia,
que
es
la
raíz
de
todos
los
males,
y
se
puede
presentar
todos
los
días
como
tentación
de
ambición
de
poder,
competencia
desleal,
corrupción
en
el
manejo
del
dinero,
en
la
ejecución
de
las
obras,
avaricia
que
aparece
de
mil
formas
todos
los
días.

«Nos
tiene
que
cuestionar
que
en
nuestra
zona
haya
tanta
desigualdad,
todavía
haya
gente
sin
agua,
sin
luz,
que
no
sabe
leer
ni
escribir,
que
viven
hacinados
y
en
condiciones
inhumanas;
hay
jóvenes
sin
ir
a
la
escuela;
y
la
pandemia
de
las
adicciones
infecta
cada
día
a
hermanos
más
pequeños». 

Hay
que
pedir
el
coraje
y
el
valor
a
Dios
para
que
cada
uno
ponga
el
foco
en
los
pobres,
hay
que
invitarlos
al
banquete
de
una
vida
más
digna,
libre
y
fecunda.
Agrega
San
Pablo:
“practica
la
justicia,
piedad,
fe,
amor,
constancia,
bondad”.

No
hay
paz
sin
justicia,
hay
que
dar
a
los
últimos
las
oportunidades
y
el
acompañamiento
para
que
puedan
salir
de
la
postración.
No
podemos
mirar
hacia
otro
lado,
la
realidad
se
impone
y
nos
pega
en
la
cara:
hay
que
abordar
y
acompañar
a
los
últimos.

Por
ejemplo,
invertir
en
la
prevención
de
adicciones,
en
la
educación
de
los
niños
y
adolescentes,
en
la
capacitación
para
el
trabajo,
en
el
acompañamiento
de
los
abuelos
y
los
excluidos
de
nuestro
pueblo,
eso
es
practicar
la
justicia.

Por
último,
no
tengamos
miedo
de
cultivar
personalmente
la
piedad
y
la
fe
ni
de
proponerla
a
otros,
son
el
cimiento
de
nuestra
patria
y
de
toda
vida
verdaderamente
libre
y
plena.
Desarrollar
la
confianza,
la
cercanía,
la
ternura,
el
diálogo
con
Dios
nos
hará
estar
siempre
con
el
foco
en
los
últimos
y
no
perdernos
en
la
vorágine 
de
las
tentaciones
cotidianas.

Para
finalizar,
en
este
año
que
no
es
electoral,
los
invito
a
construir
desde
el
diálogo
mutuo,
consensos
sobre
políticas
públicas
estables
que
pongan
a
los
últimos
al
centro,
en
la
mesa
de
nuestras
reuniones
y
decisiones
para
realmente
hacer
crecer
libre
y
en
paz
a
nuestra
patria.