La beta de ‘Diablo IV’ deja claro que estamos ante uno de los mejores (y más siniestros) juegos de acción de 2023

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No suelo tener este tipo de sensaciones, pero llevo unos cuantos días sin acceso a la beta de ‘Diablo IV’ después de la conclusión de la beta cerrada del fin de semana pasado, y ya estoy deseando ponerme de nuevo a los mandos de este sensacional juego que, al menos en lo que a mí respecta, ha cubierto buena parte de las expectativas que tenía. Muchos jugadores más podrán juzgar por sí mismos en la beta abierta del próximo fin de semana, pero hasta entonces, somos un número limitado de jugadores los que hemos podido confirmar la mejor de las posibilidades para esta secuela: ‘Diablo IV’ es, definitivamente, un ‘Diablo’.

Y no solo por su aspecto, deliciosamente pasado de moda pero adornado con sofisticados avances gráficos que lo convierten en un monstruo visual. De nuevo tenemos una aventura en un mundo hostil y desde una perspectiva isométrica, sin posibilidad de mover la cámara y con mecánicas que quizás a un jugador moderno le resulten repetitivas, porque estamos ante un machacabotones de los que crearon escuela y un género propio. Por supuesto, hay novedades en lo esencial: cierta verticalidad en los escenarios y, no nos cansamos de decirlo, un lavado de cara gráfico que le sienta de maravilla a la hosca aventura que nos espera.

Y aunque no soy el tipo de jugador que se deja engatusar por los excesos visuales, he de decir que aquí me han atrapado, con la creación de un mundo sumido en la oscuridad y el caos, y reflejado en pantalla de forma terriblemente perversa y dolorosa. Desde la increible cinemática inicial, que rivaliza en calidad con una producción animada cinematográfica, y que presenta a nuestra rival en esta ocasión, la espeluznante Lilith, sabemos que estamos ante un mundo que es mucho más que una versión en clave siniestra del típico mundo medieval de fantasía.

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Hay algo de podredumbre, algo de tangible decadencia en los escenarios que hace maravillas por la inmersión, de un modo comparable (y no es una comparación para tomarse a la ligera) a un ‘Elden Ring‘. Las mazmorras, bocas del infierno cuyo interior y contenido está generado parcialmente de forma procedural son sucesiones de cadáveres de guerreros previos, de colosos en estado de putrefacción, de charcos inmensos de sangre a medio coagular, de sustancias cuya naturaleza no es de este mundo. Y todo para introducirnos en largas peripecias de rapiña de cadáveres y masacre de demonios por subsuelos laberínticos. Más de una de estas mazmorras me ha tenido horas buscando al jefe que se oculta en cada una de ellas.

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Lo que, francamente, no he podido probar tan a fondo como me habría gustado es la interacción con otros jugadores. No he encontrado a demasiados en mis periplos por el juego, aunque sí que me tropecé con algún otro aventurero con el que aliarme para hacernos cargo de enemigos de gran envergadura. Cuenta nuestro compañero Sergio Cejas que él llegó a hermanarse con una treintena de jugadores adicionales para enfrentarse a algún monstruo: particularmente prefiero la parte de campaña tradicional, pero está claro que este es uno de los indiscutibles atractivos del juego.

Aunque haya juego cooperativo, al final la configuración del héroe (a elegir en esta beta entre tres disponibles -bárbaro, pícaro y hechicero- de las cinco finales que habrá) es cosa de cada cual, y lo cierto es que las mejoras del personaje están estructuradas en un árbol de habilidades muy extenso y que permite adaptar de forma intuitiva al héroe al estilo de juego de cada uno. Por mi forma de jugar (frontal y con pocas monsergas) pude mejorar en poco tiempo los golpes pesados y la capacidad de llevar más armas y más resistentes para esos ataques lentos.

Poco a poco el juego va desbloqueando botones del mando al que aplicar golpes especiales, pero se arranca con un ataque sencillo y, en poco tiempo más, un secundario algo más lento. Y una esquiva que es novedad en el juego y que exige un tiempo de recarga (tiempo que, por supuesto, se puede acortar según se avanza en la aventura). De forma intuitiva hasta el jugador novato entenderá que va a recibir daño continuo y debe ingerir pócimas curativas casi sin parar. En poco tiempo de juego se infiere el ritmo de la acción en ‘Diablo’, con ataques constantes y unos combates más de desgaste que de combos habilidosos.

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Con un acabado gráfico absolutamente único y de gran personalidad y con su galería de monstruos que beben de los icónicos clásicos de la fantasía pero que tienen una indiscutible impronta propia, este ‘Diablo IV’ es una de las citas imprescindibles de 2023 para los amantes de la acción. De momento, la beta abierta está a la vuelta de la esquina, y luego habrá que esperar a junio. Nos esperan unas vacaciones infernales.

Cabecera: Blizzard

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